Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación en América Latina: Especificidades y Desafíos Comunes

 Hoy en día, la innovación ocupa un papel central en las agendas públicas de desarrollo en casi todos los países de la región, si bien este papel central es registrado más frecuentemente a nivel de debates y declaraciones que a nivel de asignación presupuestaria. En la última década se ha registrado en los países de América Latina un nuevo impulso a la agenda para la Ciencia, Tecnología e Innovación.

 

La experiencia de América Latina y el Caribe en el diseño y en la implementación de las políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación remonta a los años cincuenta en los cuales las mayoría de los países pusieron las bases para la creación de la infraestructura para la gestión de las políticas científicas y tecnológicas que miraban a apoyar la creación de capacidades científicas endógenas en la región como soporte a las estrategias nacionales de industrialización. Del modelo lineal de oferta que prevaleció en esos años, los países de la región han avanzado hacia modelos más sofisticados centrados en las asociaciones público-privadas para la innovación, pasando en los años 80 y 90 por una fase de modelos lineales de demanda en los cuales las políticas públicas jugaban un papel marginal y simplemente ofrecían incentivos para la dinamización del sector privado.

El mayor avance teórico en la formulación de las políticas públicas para la innovación en América Latina y el Caribe de la última década ha sido la incorporación del concepto de “sistema nacional de innovación” como marco de referencia para el diseño y la implementación de las políticas. El enfoque de los sistemas nacionales de innovación concibe a la innovación como un fenómeno complejo, no lineal ni determinístico, que necesita de la interacción de diferentes actores que responden a incentivos de mercado, como las empresas, y de “no mercado”, como las universidades y los centros de investigación, así como las instituciones públicas que establecen el sistema de gobernanza de los incentivos y de las interacciones entre los distintos agentes que conforman el sistema.

La dinámica de la innovación no depende por ende sólo del esfuerzo de una determinada empresa, o centro de investigación sino también de la interacción entre ellos y de la capacidad sistémica de generar condiciones e incentivos para la innovación. En este contexto las políticas públicas juegan un papel determinante para apoyar el desarrollo científico, tecnológico y la innovación, especialmente en contextos donde la especialización productiva está orientada hacia sectores intensivos en recursos naturales, o mano de obra, que operan con bajo contenido tecnológico y que de por si demandan poco conocimiento (CEPAL, 2004; Cimoli, Ferraz y Primi, 2009).

Cada vez más se reconoce que la introducción de nuevos procesos, nuevos productos, nuevos modelos de negocios y nuevas formas de organizar la producción representan los determinantes de un sendero de crecimiento sostenido y sostenible. En este sentido las políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación han ido evolucionando hacia modelos más abiertos en los cuales se contemplan tanto acciones para apoyar la generación de capacidades científicas y tecnológicas en sectores de frontera, como instrumentos para fomentar la modernización del aparato productivo y la adopción de innovaciones “soft” que permitan mejorar la competitividad de las empresas operantes en los países de la región.

Los países de América Latina y el Caribe enfrentan el desafío de diseñar e implementar políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación que sean capaces, por un lado, de acompañar el deseado cambio estructural, que acompañen el proceso de diversificación productiva y la creación de nuevos sectores, y que, a la vez, fomenten la modernización y la competitividad en los sectores más tradicionales. A esta difícil tarea se suman los desafíos de la gestión de las políticas en economías abiertas y globalizadas que, por un lado ofrecen oportunidades de crecimiento vía exportación más aceleradas pero que, por otro lado, generan incentivos adversos a la diversificación productiva o a la generación de capacidades científicas y tecnológicas endógenas, a no ser que sean implantadas medidas de políticas explícitas.

Paralelamente, y en línea con los cambios en los países más avanzados, la innovación es cada vez más un tema transversal que ocupa un lugar central en las distintas agendas de ministerios sectoriales, como son el caso de la salud, energía, medio ambiente, educación, más allá de la tradicional relación con el desarrollo productivo, tanto agrícola como industrial. En este sentido hay una necesidad creciente de generar espacios de coordinación entre las distintas agendas sectoriales (de los varios ministerios) para incrementar la efectividad de la acción pública. Esto incrementa la complejidad de la gestión de las políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación porque en general se enfrentan diferentes visiones y conceptualizaciones de este ámbito (actividad empresarial para la competitividad, descubrimientos científicos, difusión de buenas prácticas que respeten el medio ambiente, aplicación de técnicas productivas limpias, etc.) que implican y requieren diferentes herramientas de política pública, y que definen la racionalidad del papel del estado de manera variada otorgando al mismo espacios de acción diferentes.

Publicado el: 2013-01-03

Referencia Informativa: https://docs.google.com/viewer?url=http%3A%2F%2Fwww.oecd.org%2Fcentrodemexico%2F47435448.pdf

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